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El “Río de la Plata”: un barco hundido en Acapulco

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Existe un la Bahía de Acapulco un barco que se hundió en plena II Guerra Mundial, ¿por qué?, ¿cuál fue la razón de su hundimiento?

Corría el año 1943 y  el mundo se encontraba en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, los países divididos en dos bloques : los aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) y los del eje Roma-Berlín-Tokio (y sus incondicionales, entre ellos Argentina). México se había manifestado a favor de los aliados.
 Fue en el verano de ese año llegó a Acapulco un gran barco de lujo, de matrícula argentina que transportaba principalmente pasajeros, pero que además tenía unas enormes bodegas.
Este buque tenía 180 metros de eslora (largo) y un desplazamiento de dieciocho mil toneladas.

¡Abandonen el barco

Apenas llegaron al muelle, el capitán dio las órdenes necesarias para que todos los pasajeros, incluida la tripulación desembarcaran; informándoles sobre los atractivos del puerto, se les incitó a abandonar la nave tan pronto como tocaron tierra.
Esto no era gratuito, ya que todo parece indicar que esta acción fue tomada por el capitán, quien se había percatado de la presencia de tres acorazados americanos que aguardaban afuera de la bahía de Acapulco a que este barco saliera nuevamente a mar abierto.
Una vez desembarcado todo el pasaje el capitán llamó por teléfono al embajador de la república Argentina que se encontraba en la ciudad de México y notificó lo que ocurría.
Sin mediar  palabras con otra persona, el capitán regresó a su nave y ordenó que todo el personal que hubiera permanecido a bordo bajara a tierra y alejó al Río de la Plata del muelle principal alejándose de la zona portuaria.
Cabe aclarar aquí que Argentina era en esos años de la guerra, un país incondicional de Alemania y la simpatía que los argentinos habían manifestado hacia la Alemania nazi era de todo el mundo conocida, razón era más que suficiente para que el comandante de la nave argentina consideraran sus enemigos a los acorazados que los esperaban fuera de la bahía.
Los intranquilos pasajeros vieron zarpar la nave desde tierra y se preguntaban asombrados el por que de la extraña actitud del capitán quien había informado, a través de su tripulación, que la maniobras obedecía a la urgente necesidad de fumigar la nave y que regresaría por los pasajeros.
Todos ellos tuvieron que pasar la noche en tierra y vencer las dificultades que tenían por no contar con sus pertenencias y al no haber hecho reservaciones en los hoteles de lujo  de Acapulco.
Conforme fueron pasando las horas los pasajeros fueron perdiendo la calma, pues nadie les informaba la hora en que volverían a embarcarse. Reclamaban sus valores, equipajes y pertenencias, y el  regreso al barco ,  que constantemente recorría distancia entre la Argentina y México transportando a los adinerados argentinos que venían recorriendo puertos sudamericanos y mexicanos.

El fuego lo consume

Ya entrada la mañana siguiente pudieron observar con horror, una gruesa columna de humo negro que salía de la cubierta del majestuoso barco Río de la Plata y que pronto se convirtió en un voraz incendio.
En el muelle portuario se agolpaba la multitud que asombrada contemplaba la violenta hoguera que envolvía a la nave.
La tripulación no hacía nada por apagar las llamas y nadie sabía dónde se encontraba el capitán y algunos de sus subalternos; entonces crecía más la desesperación por recuperar las pertenencias de los pasajeros. Se cuenta que una persona ofreció cien mil dólares a quien le rescatar de su camarote el equipaje.
La desesperación aumentaba y nadie sabía a que se debía ese incendio que en unos instantes abrazó a la lujosa nave. Momentos después llegaban a la playa, en una lancha rápida, el capitán y la escasa tripulación que había escapado de las llamas que envolvían la cubierta del barco.
Allí fueron recibidos sorpresivamente por el embajador argentino en México, quien al ser alertado de lo que ocurría se había desplazado desde la ciudad de México hasta el puerto de Acapulco durante la noche.
El embajador mismo fue testigo de la cremación del Río de la Plata y de inmediato tomó conocimiento de las trágicas y dramáticas circunstancias por las que estaban atravesando los pasajeros, la tripulación, el capitán y la nave misma.
Se cuenta que el capitán le entregó al embajador una vajilla de plata del barco y la suma de doscientos sesenta dólares en efectivo.
Es conveniente mencionar que en cuanto empezó a arder el barco, el comandante de la base naval de Acapulco, ordenó a un remolcador que el Río de la Plata fuera movido del sitio donde estaba anclado y fuera trasladado al muelle donde con más facilidad podría ser sofocado el fuego.
Sin embargo, fue el propio capitán argentino quien impidió todas las maniobras de salvación de su propia nave y mientras los mexicanos trataban de cortar las cadenas del ancla que lo mantenían fijo en ese lugar (en medio de la bahía), el capitán lanzó otra ancla para evitar ser remolcado por la marina portuaria. Inútiles fueron los esfuerzos por cortar con soplete de acetileno las anclas ya que el fuego hacía presa de la embarcación con mayor vigor.
En un último momento, el capitán ordenó abrir las compuertas del Río de la Plata en un afán desesperado por no ser remolcado al puerto y momentos después saltaba junto con los hombres que hacían maniobras por salvar la nave y eran recogidos por lanchas rápidas. Todos se alejaron a velocidad del sitio pues la temperatura ya era intolerable y las acciones de rescate no dieron fruto.
¿Porque razón el Río de la Plata fue hundido por su propio comandante, quien mostraba tanta obstinación a que su nave fuera remolcada y sofocado el fuego que lo abrazaba? ¿Por que motivo una histérica mujer ofrecía tantos dólares por la recuperación de sus maletas? ¿Que transportaba en las inmensas bodegas? ¿Qué incógnita se encerraba en el hecho de que la familia de un general brasileño (cuyo cadáver y condecoraciones estaban en un estuche metálico), dentro de la bodega ofrecieran cincuenta mil dólares a quien les devolviese el ataúd militar ? Estas son algunas de las muchas preguntas alusivas al extraño hundimiento de un lujoso barco de pasajeros que se vio atrapado, materialmente, en el puerto de Acapulco.
Todas ellas no han tenido  respuesta, y el más denso de los misterios aún envuelven al Río de la Plata, que desde hace casi 8 décadas reposa bajo las aguas de la bahía de Acapulco.

Sin explicación

Muchas han sido las explicaciones que se han intentado dar de los extraños acontecimientos. Se ha dicho que la extraña carga eran 13 toneladas de cobre, en lingotes, que jamás fueron encontrados por los primeros buzos que descendieron a ese sitio.
También se ha especulado de que el Río de la Plata transportaba mercurio, metal que en ese tiempo de guerra era estratégico y que en aquellos tiempos bélicos, su exportación estaba en extremo prohibida.
También se habla de que tenían documentos y papeles que podían comprometer a la argentina en el desenvolvimiento de la guerra.
Cualquiera que haya sido el motivo del incendio y posterior hundimiento por parte de su propio capitán es un misterio.
Quizá nunca llegue a conocerse la verdadera razón de este hundimiento, que afortunadamente no costó vidas humanas pero que pasó a la historia como algo insólito realizado por el propio capitán de la nave; quien se opuso radicalmente a ser remolcado y así salvar su nave.
Actualmente el Río de la Plata, que se encuentra a  40 metros de profundidad, es morada de un sinfín de organismos marinos que encontraron en su estructura el sustrato duro necesario para afianzarse y poder sobrevivir.
Cuando descendemos y nos encontramos con la cubierta principal podemos observar con facilidad la forma del Río de la Plata; casi está íntegra su estructura .
Casi todos los buzos que aquí llegan, lo recorren con la esperanza de recuperar algún objeto que poder llevarse de recuerdo. En un principio fueron cientos y cientos de azulejos los que se recuperaron de la cubierta y pisos del barco argentino, así como bañeras, vajillas, máquinas de escribir, tazas, platos, etcétera.
Actualmente ya casi no quedan más que las estructuras metálicas que son las que dan guarida a los múltiples peces que allí se esconden o a los organismos sésiles que se han fijado.
Estamos seguros de que la próxima vez que desciendan en este pecio será muy diferente la visión que ahora tengan de él y, a lo mejor, logras descifrar el enigma de su hundimiento.

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