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5 reglas de etiqueta para las videollamadas

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Las videollamadas se han vuelto parte de nuestra vida diaria, ya sea para trabajar, ver a la familia o reunirnos con los amigos. Pero, muchas veces se nos olvida que estamos asistiendo a una junta, clases o que tenemos que dar nuestra mejor cara, o siquiera la cara, a los demás.

Una videollamada requiere de civilidad, y para eso existen reglas, éstas son las publicadas por Andrés Masa,  en el diario El País,  que bien sirven de base para tener la posibilidad de compartir la vida  a través de la pantalla

1. Que la pantalla no parezca un confesionario

En un libro de videollamadas para dummies a esto se le dedicaría un capítulo entero, pero a un lector inteligente le bastan un par de frases: no te pases la llamada mirando hacia abajo como si estuvieras confesándole los pecados al cura. “Tenemos la tendencia a mirar a las personas en la pantalla, pero deberías mirar a la cámara cuando hables para que sientan que te diriges directamente a ellas”, aconsejan en el blog de Zoom.

 Lo correcto es situar la cámara a la altura de los ojos, y no demasiado cerca: la óptica de la cámara deforma la imagen y resta bastante atractivo, lo que no puede ser, sobre todo que los usuarios de apps de citas dedican 25% más de tiempo a conectarse online.

2. Dos botones fundamentales

Para iniciar una videoconferencia sólo hay que saber usar dos botones, uno activa la cámara y otro el micrófono. Para un uso personal no hace falta controlar nada más, pero en el ámbito profesional las normas son algo más estrictas. Según el gurú de la eficiencia directiva Mark Murphy ha explicado en la revista Forbes, todo el mundo debe usar la cámara. No hacerlo crea una situación de asimetría. Nada de oyentes: “Si solo algunas personas usan video, la cohesión del equipo se erosiona rápidamente”. Pero no quieras ser tan estricto como la mujer que se llevó el portátil al baño para orinar y retransmitió el momento a todos sus compañeros de trabajo  (y quienes luego lo recuperaron en las redes).

El problema con el sonido es que por el micrófono de la computadora se meten todo tipo de ruidos. Pueden crear un alboroto inocente para tomar unas copas, pero la suma del ruido de la lavadora de un compañero, los ladridos del perro de otra, los niños de un tercero que han convertido la casa en un circo y el teclear constante del alumno aventajado que toma notas en el ordenador acaban creando una cacofonía bastante desagradable para una reunión de trabajo. Un verdadero profesional de las videollamadas como Murphy no tendría este problema porque animaría insistentemente a sus compañeros a usar auriculares con micrófono, que es la mejor manera de eliminar el típico eco de este tipo de llamadas.

3. En el fondo está la cuestión

En una videollamada, el fondo lo es todo. En serio. Si no, que se lo digan al profesor de ciencias políticas Robert Kelly, que se hizo célebre tras una entrevista en la BBC en el despacho de su casa en la que apareció su hijo pequeño.. ¿Lo que dijo sobre la destitución de la presidenta surcoreana Park Geun-hye? .

Para que el fondo no te robe el protagonismo debe ser tirando a neutro y sencillo cuando te muevas en el terreno profesional. En lo personal, estar pendiente de lo que uses de fondo también es importante. Si no quieres dejar nada al azar bucea en las opciones de la aplicación que vayas a usar: muchas permiten insertar un fondo artificial.

4. Levanta la mano (o, al menos, haz que se te vea)

Con los amigos esto no suele funcionar: el que habla  sin parar seguirá en la misma y el que no abre la boca también. Pero en las videollamadas de trabajo, sobre todo cuando son multitudinarias, es fundamental mantener el orden. En este contexto, las pistas del lenguaje corporal se pierden fácilmente y no siempre se distingue cuando alguien está pidiendo voz. Teniendo en cuenta que tanto la imagen y el sonido suelen llegar con retardo, la dinámica de unas personas hablando por encima de otras puede acabar siendo ingobernable. La solución, pedir el turno mediante señas. También está permitido usar opciones para compartir mensajes breves con todos o solo con algunos participantes, lo que permite que no haya que pedir la palabra solo para decir una frase.

5. La videollamada no es la única opción

 En el terreno personal, las reglas las pone cada uno. En el profesional, la guía debería ser la eficacia, y, si bien es cierto que una videollamada te ahorra el traslado que requiere una reunión presencial, una llamada de teléfono suele ser la mejor opción cuando se trata de una conversación de dos personas. Un jefe sin escrúpulos podría hacerte quitarte la pijama para atenderlo, solo por un minuto.  Al menos indícale la última norma de etiqueta para videoconferencias: nunca se debe videollamar sin más, hay que avisar antes.

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